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Don Triste.


La tristeza al caminar besaba el suelo con su rostro. Continuamente disimulaba su ánimo de capa caída levantando con mano horcada su quijada.

No esperaba con ansia, ni rezaba al cielo; creía, que un fiat, un Big-bang devolvería las sonrisas perdidas que se fueron tragando ecos de pasos ligeros.

Don Triste sabía que sin conjuros ni oraciones repetitivas, una nueva oriflama tomaría su origen.

Hoy ha vuelto con el frémito oculto en sus pies a cumplir nuevamente con su ritual de espera en la estación del metro, donde Argos con mil ojos sigue vigilando a la que aún puede volver.

Comentarios

  1. Uno hasta a la mala vida también se acostumbra...

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  2. Si la tristeza a veces parece que sea una droga de la cual dependemos.

    Abrazos.

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  3. Para momentos de tanta tristeza, nada mejor que los sonetos medicinales de ALMAFUERTE (La fuerza pura del alma). Su nombre autentico era Pedro Bonifacio Palacios. Nació en San Justo, Prov. de Buenos Aires el 13/05/1854, y falleció en La Plata el 28/02/1917 a los 62 años. Dicha ciudad tiene un museo con su nombre en el que se conservan escritos y dibujos.

    Los siete sonetos los escribió para un amigo, Don Félix J Tettamanti que estaba preso, a fin de impedir que perdiera la esperanza y que la prisión dañara su espíritu.

    1. LOS SIETE SONETOS MEDICINALES

    Son capaces de mover montañas. Solo quien se haya sentido malherido, acorralado y sin fuerza alguna sabe de que esta hablando Almafuerte cuando obliga a juntar los pedazos y a ponerse en marcha.

    Avanti: La esperanza no se pierde ni cinco segundos antes de la muerte.

    Piu Avanti: La lucha no se abandona ni decapitado-

    Molto Piu Avanti: El otro importa pero cuando de sobrevivir se trata hay que ocuparse de uno.

    Moltissimo Piu Avanti: El hombre es más que un león porque nunca deja de ansiar la libertad.


    ¡Avanti!
    Si te postran diez veces, te levantas
    otras diez, otras cien, otras quinientas:
    no han de ser tus caídas tan violentas
    ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
    Con el hambre genial con que las plantas
    asimilan el humus avarientas,
    deglutiendo el rencor de las afrentas
    se formaron los santos y las santas.
    Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
    nada más necesita la criatura,
    y en cualquier infeliz se me figura
    que se mellan los garfios de la suerte…
    ¡Todos los incurables tienen cura
    cinco segundos antes de su muerte!


    ¡Piu Avanti!
    No te des por vencido, ni aun vencido,
    no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
    trémulo de pavor, piénsate bravo,
    y arremete feroz, ya mal herido.
    Ten el tesón del clavo enmohecido
    que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
    no la cobarde estupidez del pavo
    que amaina su plumaje al primer ruido.
    Procede como Dios que nunca llora;
    o como Lucifer, que nunca reza;
    o como el robledal, cuya grandeza
    necesita del agua y no la implora…
    Que muerda y vocifere vengadora,
    ya rodando en el polvo, tu cabeza!


    ¡Molto piu Avanti!
    Los que vierten sus lágrimas amantes
    sobre las penas que no son sus penas;
    los que olvidan el son de sus cadenas
    para limar las de los otros antes;
    Los que van por el mundo delirantes
    repartiendo su amor a manos llenas,
    caen, bajo el peso de sus obras buenas,
    sucios, enfermos, trágicos,… ¡sobrantes!
    ¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos!
    ¡nunca sigas impulsos compasivos!
    ¡ten los garfios del Odio siempre activos
    los ojos del juez siempre despiertos!
    ¡Y al echarte en la caja de los muertos,
    menosprecia los llantos de los vivos!


    ¡Moltíssimo piu Avanti ancora!
    Si en vez de las estúpidas panteras
    y los férreos estúpidos leones,
    encerrasen dos flacos mocetones
    en esa frágil cárcel de las fieras,
    No habrían de yacer noches enteras
    en el blando pajar de sus colchones,
    sin esperanzas ya, sin reacciones
    lo mismo que dos plácidos horteras;
    Cual Napoleones pensativos, graves,
    no como el tigre sanguinario y maula,
    escrutarían palmo a palmo su aula,
    buscando las rendijas, no las llaves…
    ¡Seas el que tú seas, ya lo sabes:
    a escrutar las rendijas de tu jaula!


    Para vos Passofinno, con el cariño de siempre.
    Jor

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  4. claro, la tristeza es necesaria, que seria la alegria sin algo "malo" a lo cual compararlo?, eso esta en la escencia de todo hombre, de todo ser humano, el aferrarnos a imposibles con la vanal esperanza de un "quiza..."

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