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No estás viejo

(Foto: Passofinno)

Ella llegó contando los pasos como si se le fueran a acabar. Levantó la cabeza antes de tocar el ding - dong. Dudó unos instantes, había pasado tanto tiempo desde la última vez en que lo había hecho sonar, que pensó mejor en retroceder y no tocar. Recordó ese día anterior como si fuera hoy, era octubre, noche de Halloween por cierto, estaba recién pintada la puerta de negro mate, olía a esmalte, y con el primer toc - toc se impregnó los nudillos de pintura, esa fue la causa para que él comprara e instalara un timbre en la jamba, un día después.
-¿Quién es?- Se oyó una voz masculina desde el interior
-¡Soy yo, la Mano Negra!- Contestó ella desde su memoria
Él aceleró los pasos tan rápidos como los latidos de su corazón, era ella con esa voz coqueta e irreverente y tan aguda como su inteligencia.

Volvió a dudar en tocar el timbre o en seguir recordando ese momento cuando él abrió la puerta y su disfraz de Arlequín sonreía en sus ojos de Gatubela. Fue un encuentro como ese primero en el que los dos se conocieron, la noche de velitas en que ella iluminaba el paso de la Virgen con destellos de luces como si fueran estrellas traviesas... Ahora volvía a un nuevo encuentro, otro más como los hubo en ese pasado donde el saludo era un beso en un abrazo que parecía eterno, sin final...

Mejor no recordar, se dijo para sus adentros, el olvido es mejor no reblujarlo porque te puede atrapar en las telarañas de la memoria, y la memoria igual que la verdad duele si ríes o lloras, porque la nostalgia se compone de cosas buenas y malas que recoge de los destinos.

-¡Ding - dong!- Timbró

(¿Continuará?)

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Otro día más sin verte...

(Foto:Passofinno) "Ya, ya no puedo más
Ya me es imposible soportar
Otro día más sin verte..."

Y estás allá Donde el tirano bebe sangre Y se adueña de tus días Para que mis noches sean eternas.
Tu voz ya no escucho Solo el eco del recuerdo Suena en mis pesadillas Y calma la angustia.
El desespero se desborda Por las líneas de la paciencia. Como este grito que no escuchas Como estos llantos sin voz...
¡Ya no puedo más! Mi cabeza es un tambor de revólver Las balas están en tu olvido Los disparos en tu adiós.
Todo orden es mi caos Los versos sin rima
La cordura en mi locura Las palabras sin significado.
Otro día más sin verte.

La del aroma

(M.R. d F.)
Fue un día de mercado, de aquellos que cuando uno se levanta sabe que si dispara un tiro no dará en el blanco: La cara triste, pelo reblujado, arrugas como de ciruelas pasas; así de ese tamaño tenía hasta la mirada. Estaba desencajado, a medio despertar, y para colmo de males sin ganas de ir al centro comercial porque los odio cuando tengo poca plata. Pero ese día iba a ser de no olvidar. Un olor como salvaje irresistible, suave y silvestre a la vez fue percibiendo mi sinestesia, debía seguirlo, marcaba la ruta al supermercado. Juro por Dios que el cielo bajó para ver su paso fino. El viento se colaba en su cabello contemplando cada mechón. Impregnó todo de su esencia. Era ella, la del aroma...

Carambolo

(Dibujo: Passofinno)
Era un ábrete Sésamo en todo su esplendor, con solo mirar, la imaginación jugaba al conquistador: Una pluma de avestruz con sus barbas de igual tamaño, en filigrana de oro con un diamante azul como plumilla en el cálamo, y en el raquis escrito el nombre de Maat. Una jarra de alabastro con las vísceras y los órganos de un antiguo difunto, su color pálido muerto seguía intacto. Un pabellón de electro en miniatura, que al tocar hace sonar misteriosamente los acordes de una sambuca.
Dos brazaletes dorados con incrustaciones de turquesa que forman una espiral con cabeza y cola de cobra.
Una cadena doble de oro rosado, con cierre decorado en esmeraldas y ocho sellos giratorios que la ciñen.
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Siete perlas negras, matizadas con el brillo tenue del inframundo, fijas en el centro de un ostracon tallado en piedra caliza de Tura.
Un gato egipcio, frontal policromado, labrado simétricamente en basalto y atento siem…