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martes, 24 de febrero de 2009

NOTECALLES


No te calles, son tres palabras, una consigna, que  invitan a una reflexión y en la acción a una protesta.

Son tres palabras que unidas contienen vida, y el principio de Libertad. 
Las palabras cuando son pronunciadas, son igual a como cuando son escritas: ellas nacen a un infinito, nunca se deben dejar en el pensamiento, eso es como condenarlas a vivir en un limbo.

Es cierto, que hay algunas palabras que en su momento no se deben dar a luz, no pueden ser paridas porque corren el riesgo de salir deformes o ser dañinas, y se convierten en un karma negro que vuela en un boomerang de doble filo.

Hay silencios que no callan, que no tienen voz ni pluma, pero son mas elocuentes que las palabras. Su prudencia le da fuerza a la confianza, a la sabiduría, a su educación (para no pelear con el mal genio y la ignorancia) son escudos y espadas que vencen en las batallas.

Hay otros silencios que no deben guardar votos, y tienen que sacar de clausura sus palabras, no pueden dejar que el miedo las orine, oxidándolas como lo hace el sol al cromo en el espejo.

Cuando quieras decir algo, y por algo te lo impidan; yo te invito a que no te calles. Tu Libertad de expresión no admite dudas y no hace negocios raros,  la cuestión es muy simple: ¡Tu habla y que calle el tirano! 

¡No te calles! para la humanidad debe ser una bandera, un himno, y el único fin que justifica los medios.

Siempre quise escribir, y por consiguiente siempre lo hago. Soy de los que anoto en hojas sueltas,  libretas de apuntes, cuadernos viejos debajo del colchón, y hasta en la famosa servilleta donde una que otra vez he creído plasmar una brillante idea para cometer poesía, o intentar una mano abierta como se le llama a la  novela, o un puño cerrado como se le define al cuento.
Recuerdo que en alguna ocasión quise en mi prepotencia, con su soberbia y su pedantería; escribir el cuento mas corto, emulando, e incluso, deseando ganar en astucia e imaginación a los mas grandes; pero fue tan corto el cuento, que solo cabían en un renglón mis puntos suspensivos ...

Confieso que de literatura nada sé, escasamente y a duras penas, haciendo un gran esfuerzo en recordarlo, identifico un adjetivo de un sustantivo. Mi pereza intelectual la mayoría de las veces me gana.

Quizás haya leído demasiado, llevo toda una vida haciéndolo. Podría citar con arrojo varios autores, y pecar de engreído; pero en verdad, a casi todos después de leerles, fácilmente, los olvido. Solo me quedan en mi cacumen -por algún tiempo- imágenes o frases que me trasmitieron, y después se van a dormir en los muchos colchones de plumas y laurel que tienen mis celdas selladas de la memoria; sólo despiertan de sus plácidos sueños cuando vuelvo a releerlos. El olvido es un juego que practico constantemente con mis recuerdos.

Mucho tiempo -equivocadamente- creí que al escribir lo hacía solo para mi, igual como los llaneros que cuando cantan solo lo hacen para alimentar su alma. Alguien, alguna vez me dijo que el escribir es una función publica, que todo escritor es un funcionario, y que en el fondo su verdadero interés está dirigido a  que lo lean. A mi egoísmo lo venció su argumento, porque es una verdad que no puedo refutar.

El que escriba y no quiera ser leído, se miente así mismo, y tiene en verdad varios problemas:
Primero: Tiene timidez y miedo a la critica.
Segundo: Le falta autocritica.
Tercero: Jamás descubrirá si lo hizo bien o mal (Aunque esto es lo que menos importa, porque al final podría descubrir -como dice el refrán- que la practica hace al maestro y la critica guía al conocimiento)
Cuarto: Sus silencios son sordos, ciegos y mudos, y
Quinto : (No hay quinto malo) Tiene el mejor de los problemas: todos en uno.

Yo no me considero un escritor, mi mala ortografía, más la gramática y la prosodia son muy evidentes, lo prosaico no se desprende; de pronto al garabatear las palabras como el juntaletras que soy agredo al lector, y sé que me faltan muchos pelos pa´l moño (Como dicen los que algo me quieren) Sería un estúpido arrebato el solo pensarlo, ser un escritor son palabras mayores que vienen de lo alto. 
Decir que quiero ser un muy buen escritor, puede estar más acorde con mi falsa modestia. Lo que sí, no dejaré de ser, es seguir siendo un juntaletras, un escribidor de las palabras que una y otra vez me dicen : ¡Notecalles!

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