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domingo, 22 de marzo de 2015

Descuidos

(Foto: Passofinno)

Los puntos suspensivos son los que más me persiguen, se acomodan donde quieren, descansan sin necesidad, pero son frágiles como las palabras que les acechan. 
Invento frases donde el lastre se oculta sin permiso, lo hace por ignorancia. Las disculpo porque no hay mala fe, ni mala voluntad en ellas. 
La ignorancia gramatical es manifiesta y atrevida, debo enseñarle a ser simpática. 
No corrijo al instante lo escrito, es un problema que admito, es una vergüenza que no se aleja. La pereza intelectual es la dueña.
Me trago tildes, otras tantas las lanzo como dardos para ver en que letras caen. Forman pasados de los presentes, y a mis futuros los desaparecen... que importa, al fin y al cabo el futuro nunca llega, y los pasados siguen en el presente.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Son sus pasos...

 (Foto: Passofinno)

Son sus pasos. Llegan a mi puerta. Se detienen. Los reconozco por su forma de pisar: Un paso lo hace más fuerte que el otro, cada movimiento tiene una señal, hablan en su propio idioma un lenguaje que aún no entiendo. Sus ecos resuenan con la seguridad de llegar donde los esperan. Pero, cuando están cerca, dudan, esperan, se van. 

¿Qué te detiene? ¿Será acaso el desconocer, el no saber quién soy en realidad?

Las sorpresas tienen un porcentaje muy alto de desencanto, casi todas son siempre lo que no se espera o lo que no se quiere. Estoy convencido de que el engaño siempre viene oculto en su papel de regalo.

Es mejor así, con desilusión a bordo. No sé si es Séneca o uno de esos otros tantos y tontos, o sabios y especuladores que filosofan a voz abierta u ocultos en los oráculos, en los proscenios de los teatros o en la prisión mientras beben cicuta, que me dijo alguna vez mientras volaba sin sombras por la línea del tiempo, que es mejor tener cierto grado de pesimismo moderado, para que la ira no nos gane en el momento en que todo se nos derrumba ante una vana ilusión, ante un amor que no fue el que idealizamos, ante aquello que soñamos y al despertar lo encontramos sin la máscara que le forjamos... "amos" y más "amos" de los que nos adueñamos aún siendo sus esclavos ¡dualidad nouménica!

Me quedé sin aliento. Siempre digo lo que intento con palabras que le ganan en velocidad a las frases. Si las escribo, se acomodan como pueden. Si las hablo se enredan en la lengua, se mastican entre los dientes, salen como salivas, se tragan solas a veces; mis palabras no piensan como yo, no se entienden en su realidad ni en su metafísica.

Yo podría abrir la puerta con solo escuchar tu último paso, podría incluso hasta obligarte a entrar si pretendes nuevamente en huir; esta bestia que hay en mí no se detendría al verte... pero... Tienes toda la razón, es mejor que no sigas, que no toques; la desilusión está a tu alcance, a un simple toc-toc. Devuelve tus pasos como siempre lo haces, no soy recomendable