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martes, 29 de diciembre de 2009

Relatos de un difunto (I)


 (Dibujo : Passofinno)

Mi teniente y yo pertenecíamos al cuarto pelotón de la compañía Caldas, del cual, él era su comandante. El nombre del batallón no deseo recordarlo, o más bien -de tanto ignorarlo- ya lo olvidé, igual como lo hice con otros momentos amargos que allí viví y que poco a poco, uno a uno hasta lograrlo; los fui borrando de mi memoria como se borran los recuerdos dañinos que no dejan dormir: ¡ahogándoles en los duerme velas!

Un día, -que ese sí no pude olvidar por haber experimentado en mi ser una gran sensación de libertad- al verme fuera por primera vez en varios meses de esa cloaca que aspiraba a cuartel, sálimos con el fin de cumplir una misión; La primera para mis lanzas y yo, y la no sé que de tantas para mi teniente, al que respetábamos y admirábamos por considerarlo un verdadero oficial del ejército, a pesar de sus malos tratos que solo eran de palabra, pues nunca llegaba al punto de agredirnos físicamente inculcándonos así el respeto mutuo. Su carácter fuerte tenía corazón de gelatina, nos enseñaba con rudeza para poder sobrevivir. Constantemente nos decía que en esta tierra la violencia se fermenta con sangraza, que el entrenamiento debía ser tan fuerte para que la guerra fuera un descanso, que deberíamos dar la vida por nuestra patria, siendo preferible primero que los enemigos dieran su vida por la patria de ellos. 

Mi teniente era, en una sola palabra un hombre a carta cabal. Habíamos aprendido en poco tiempo a estimarlo en demasía, a tal grado; que en cierta ocasión en el curso de adiestramiento seguíamos muy chochos sin lograr acoplarnos en el paso de la marcha - que solo sabíamos a medias- y que debíamos hacer perfecto como autómatas a una sola orden dada. Hasta al hablar era evidente el gargajo de recluta.

Un oficial de mayor grado, que era Coronel o algo así por el estilo; descontento en la supervisión con nuestro desempeño, nos amenazó con hacer trasladar a mi teniente como comandante de otro pelotón y, he ahí el milagro obrado de esa amenaza. Por no querer sentirnos desprotegidos de la seguridad que brindaba la sola presencia de mi teniente, decidimos -sin ponernos de acuerdo- en no defraudarlo y, en muy pocos días este cuarto pelotón, desboque de reclutas, se convirtió en verdaderos robots soldados, capaces hasta con un solo grito al unísono de tumbar los muros del rancho, o a la voz de: !A discreción, firrr! o ¡descanso Arrr! hacer temblar la plaza de armas bajo nuestras botas.

Ese fue uno de los tantos hechos que hicímos ejemplar con mi teniente, su valor influía en nuestro miedo haciéndolo natural. Su porte, confianza, coraje y firmeza, todos queríamos emular y debido a esto fué desapareciendo el tembleque, la debilidad; nos hacíamos hombres y más que hombres soldados de guerra. Aquél espíritu aguerrido y bravo de mi teniente se había apoderado de el de nosotros, haciéndose uno solo.
Por eso ese día que no olvido, salimos todos sin pensar en el peligro ni el riesgo que ibamos afrontar ¡ Para qué temer si ahí iba mi teniente !

(Continuara)

lunes, 21 de diciembre de 2009

En tu mirada


( Dibujo: Passofinno)


Mis faros mis guías
Están en tu mirada,
Mi esquife a la deriva
La busca con afán 

El badajo no suena
La alerta en la campana 
¡Tilín  tilán!
Debería sonar 

Tu ojo izquierdo
atrapó una estrella,
A buen puerto ella
Es la que me lleva

 Posdata:

Cuando sueñes
Duerme con un ojo abierto,
No olvides que debe ser
El que ilumina 


domingo, 13 de diciembre de 2009

Pasaban los días





Pasaban los días y lo que más temía era que tu flor de loto se marchitara. El mustia me amenazaba con apoderarse de tus pétalos. Pensaba en ti al cerrar los ojos y con ellos abiertos también te pensaba.
Sé que estabas preocupada y el haber sido yo la causa de esa angustia me avergonzaba, porque te juro amor que fue el tiempo el que se confabuló en contra de mi voluntad.
Pasaban los días, y aunque mi deseo estaba libre y mi ilusión en su sueño seguía intacta; mis pies dejaban huellas en la distancia, luchaba contra el viento para que las borrara pero el viento era más fuerte que yo, me llevaba con su fuerza a la tierra donde el olvido es alimento y para calmar la sed se beben las lágrimas.
No estaba huyendo, simplemente el destino como siempre es mi dueño y si así lo desea me aleja de lo que mas quiero, es mi tirano y mi amo ...
Pasaban los días y el no saber de ti abrió las puertas de mi báratro, soltó mis diablos, me rebelé al destino, a los días, al tiempo, luché nuevamente contra el viento y deshaciendo los pasos vuelvo y llego a ti ... Vuelvo a ti porqué te necesito, te quiero y te amo; no me importa si han de castigarme, ni la condena que me impongan los que se adueñan de mis huellas en la distancia, no me importa ... ¡Mi Cielo está donde estás Tú!