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miércoles, 25 de marzo de 2009

MI PROBLEMA CON LA POESÍA


La poesía a veces siento que la odio. Cuando en sus páginas encuentro un poema y alguno de sus versos me sorprende; no soy capaz de seguir leyendo los otros, nunca termino un libro completo. En los versos que me detengo los quiero digerir despacio, como cuando come la gente culta y mastican su alimento muchas veces; dicen, que eso es salud y estética del cuerpo. Esos versos que así me llenan no me dejan probar los otros y mi ansiedad tan glotona se los quiere tragar, ¡saber a que saben! pero el contenerme, hace que a la poesía la odie.

Detesto aún más a mi poesía, cuando a la medianoche me despierta un prólogo con una línea llena de puntos suspensivos, una idea que vuela con alas gigantes de papel, un intento de frase disfrazada de versos o un incomodo resorte automático que levanta medio cuerpo de mi colchón de plumas y laurel  Y, como no repudiarla, si mi sueño placentero de la noche empieza su pesadilla cuando el tirano dueño de la casa de la poesía y esposo de la Musa de mi inspiración acaba despertándome a patadas y, con su voz de gritos de trueno me ordena levantar mi pereza intelectual; me obliga a que lea, a que escriba; me jala de las orejas cuál severo maestro al niño malcriado obligándome a su vez -con sus manos gruesas de tinta en mis hombros-, a sentarme en la silla de mi escritorio donde ya, como por arte del sonambulismo hay un humeante café y un encendido cigarrillo y sus humos de espera se entrelazan, formando en el aire blanquiázul figurillas de eslabones de cadenas, cuerpos desnudos que danzan, bocas de risas de duendes burlones y ojos sin alma de perdidos fantasmas.

Empiezo a leerte mi maldita poesía, mientras el tirano por el rabillo del ojo atento vigila a que no me escape -como tantas veces lo he hecho- por los locos laberintos, dédalos semánticos del pensamiento...

¡ Ahí están regados por todas partes los libros !: " El manifiesto Nadaísta " de Gonzalo Arango fundador del Nadaísmo, el que aún después de muerto -cada vez que lo leo- siento que escribe mejor. ¡Benedetti, Lorca, Neruda, Borges!, siempre en orden, no les cae el polvo, se las ingenian para mantener limpios sus tejuelos y solapas. Los moaxajas, adornados con un cinturón de doble vuelta gritando versos en el desierto del poeta desconocido. Porfirio Barba Jacob y sus días frágiles. Jorge Manrique enamorando al viento. José Asunción Silva con un corazón dibujado en el pecho al que le dio un tiro. Bécker, haciendo de un perfume un jardín. Rimbaud, Verlaine, Baudelaire, Mallarmé, Sade, queriendo caer de las estanterías, siempre al borde, como si los lomos de otros libros los rechazaran... ¡siguen siendo malditos! yo los llamo los señalados...



Abro el que está mas cerca : " ESPANTAPÁJAROS " de Oliverio Girondo, el adelantado, el que siempre me inquieta y a mi curiosidad pregunta: ¿ Como hizo para escribir éstos versos sino eran de su época ?¿Será que viajo a través del tiempo ?


"No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí!  -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto ¡QUE NO SEPAN VOLAR!. Si no saben volar  pierden el tiempo las que pretendan seducirme!. "

Y vuelve mi problema con la poesía apoderarse de mi, no soy capaz de leer mas de una página; éstos versos me llenan de imágenes la fantasía y como agua fuerte me refrescan al casi amanecer del día. Quiero pensarlos, entenderlos, desentrañar el secreto de su dueño y, en un descuido del duermevela de mi tirano, me le escabullo con pies alados por los recovecos de la mente y los senderos del placer. La pasión y el pecado me llevan a su casa de la poesía donde está semidormida la Musa de mi inspiración y esposa del tirano. Al sentirme cerca, cierra sus ojos entrecerrados; sé que ella quiere que la bese porque sabe que yo besos no pido, eso sólo lo hace el mal besador. Saco mis besos de catálogo: el primero son los besos brujos, los que se sienten sin tocar los labios; después, los besos suaves y silenciosos cerca a la comisura de su boca; los mordelones, haciéndole su labio inferior leporino; un beso Francés donde las lenguas se enredan como garfios mansos...



-¡Ay Poeta! que estamos haciendo...- Me dice un sensual gemido y saca mis palabras escondidas, aquellas que no quise plasmar en el papel y con ellas le ahuyento sus miedos sin que se apague su pasión... un beso rojo punzó abre sus ojos y el deseo araña la espalda de la dicha dejando sus huellas en líneas de aliento... las puertas del paraíso nuevamente se abren como por arte de magia ...

Pasos de animal gigante escucho a lo lejos, es el tirano con su voz de trueno:

- ¡ Te ordeno que escribas, no huyas ! ¡ Que escribas versos te digo que son tus latigazos que expían tus culpas, tus pecados ! ¡ te lo ordeno, te lo exijo carajo !-

Ser Poeta es como hacer un pacto con el Diablo y la Poesía a la vez; a uno le vendes tu alma, al otro tu voluntad...

Salgo de allí, donde mi amada, como los amantes furtivos : ¡Desnudo por el jardín! Me impregno de sus flores del camino; las rosas rojas son mi piel, las orquídeas las cojo a manojos entre mis manos y, una mustia blanca flor de loto la aferro a mi corazón y mi alma aunque ella se quiere ir...

-¡ Ay , si supiera ese déspota tirano que en este amanecer su esposa volvió a ser mía !-

El tirano sigue buscándome por trochas y cañadas de la razón y la cordura y hasta en las celdas de la memoria.

Yo se esconderme muy bien debajo de sus líneas y renglones. A hurtadillas, cuando está cerca, le derrumbo sus licencias métricas, sus estrofas las desbarato; ahogo las eufonías, estrangulo la prosodia. Lo miro desde lo alto de sus poemas largos y le quiebro a pedradas los cristales empañados de sus versos alejandrinos. Los herméticos octosílabos los hecho al fuego, haciendo un aquelarre en redondel de risas chillonas. Sus rimas, acentos tónicos, hemistiquios, ritmo, tiempos y sonetos a mi también se me importa un pito, solo respeto lo cursi, ¡ es del pueblo ! me reservo ese derecho.

Cuando ya cansado de buscarme, el tirano se recuesta llorando de impotencia en un epílogo, me le acerco despacito por detrás con mi antifaz de metáfora; rasgo sus versos con rabia, con ira y los muerdo a dentelladas y... sólo descanso cuando los veo sangrar...

Está otra noche que llega, y vuelva él con su vuelo de poesía a interrumpir mi sueño... ya sé lo que haré... ¡Me convertiré en un Espantapájaros!

lunes, 9 de marzo de 2009

Un cuento corto

Convoqué a las mejores letras a que me acompañarán a escribir este corto cuento; llegaron tres de las mejores, las que nunca faltan y están en todos ellos, estás son, se las presento: F I N 

lunes, 2 de marzo de 2009

Mi Quijote (El Quijote de Passofinno)

Al Duque de Extremadura, Conde de Badajoz, simiente de Madrid: Sir Paco Marshall, comisario insigne de Linkara City.
En fe del buen acogimiento y honra de vuestra excelencia, pongo a buenos ojos, abrigo y protección y a posterior análisis, criterio y reputada prudencia, estas letras; para que a su buen menester, sea -sí o no-  recomendadas leer a los carísimos navegantes de la Internet.

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre si me acuerdo y el cual es: Argamasilla de Alba, en la provincia de Ciudad Real, nace en una cueva, anexa como cárcel en el caserón Manchego de los Medrano, Alonso Quijano.
Las manos que asistieron su parto, tenían en sus dedos manchas de carboncillo y tinta; un orillo ribeteaba las uñas de colores negros-azulados, otras manos más pulcras y limpias jamás lo hubieran hecho, si así lo hubiese, el personaje habría sido nonato.

Lo que primero vieron sus ojos fueron los barrotes de arrabio en la celda de su osado creador, ahora juntamente de dos pero, que no refrenarán su hazaña de vida y buena fama; él se impregnará de ellas para forjar su carácter, bien ventura y el temple de sus palabras, que como buen hidalgo, requiebro en virtudes, fino talante, discreto gallardo, es hijo del entendimiento. Nunca molinos de viento lo harán detener al cabalgar en su sinrazón de la razón y menos aún, asustarán su rematado juicio, perros que ladren. Cada cosa engendra su semejanza.

Don Miguel de Cervantes y Saavedra está desesperado (es muy común que el que escribe se irrite cuando está encerrado en contra de su voluntad), en voz baja murmura trance entre dientes:

" - ...¿Y que podría engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, como quién se engendró en una cárcel donde toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación ? ... -"

Da varios pasos largos, son ocho hacia adelante, seis hacia un lado, son las trazas y modos con los que siempre ha medido el tamaño del espacio que lo tiene preso; el retablo de la infamia como lo llama él, donde el entremés es irónico y burlesco.

El recién nacido tiene hambre, tiene sed; y él sólo tiene cerca de la estera, dos rodajas de abadejo y un cuartillo del bálsamo de Fierabrás -no aconsejable para alimentar a un crío- y que además está hecho de vino tinto de mala cosecha. Lo arrulla contra su pecho arropándolo en papel, no se calma y so pena, teme que si llora lo delaté el bebé, y opta -para despistar al enemigo- mecerlo en cuna anidada de esparto y pergaminos, a lo que el recién nacido que nació entendido, obediente accede a su padre el sueño que necesita para criarlo al escondido.
La guarda de alcabalas da la ronda, no sospecha ni imagina, ni por la mente les pasa que un pobre manco veterano de Lepanto tenga ya manos peligrosas.
-¡Non fuyades viles cobardes!- Les dice desde la esquina de su silencio cuando orondos los ve pasar con sus rodelas.
Ansí es que ya después de algún tiempo la libertad les puso pies en polvorosa. Don Miguel urge al bautizo, donde a su hijo mejor, nombre mas sonoro y menos complejo debe dar:
-¡Quijote te has de llamar!- Y deciden en común acuerdo, porque es sabido y ya no es secreto que además de entendido haber nacido (como caso curioso), también el ahora llamado Quijote nació viejo: frisando algo más de los cincuenta, de complexión recia, enjuto, madrugador y de triste figura que le ha de agorar ser andante peregrino.

Como regalo de sacramento, su padre, ante todo primero, para sacarle -por si las moscas- las malas simientes, le graban con su pluma en la frente estas palabras :
"No ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías"

Pero el Quijote después de está marca, sintiéndose bendecido, le aumenta al nombre el de La Mancha anteponiéndose el Don. Y, es así que como todo buen hijo hace caso omiso del consejo de su padre y, en los días de claro en claro, y de turbio en turbio, se alimenta de todos los libros que encuentra de caballerías y a vasos dobles se vuelve un beodo de traga tintas hasta secar los sesos.

De esta mal costumbre advertida, en Don Quijote de La Mancha va naciendo una exaltación en desaforadas medidas en lo que hoy podemos llamar como una locura divina; idealismo puro donde la imaginación es más fuerte que la voluntad y la realidad se postra a los pies de la fantasía.

Lanza en ristre de astillero va en busca de su nuevo título: ¡Caballero tiene que ser!
Amada Dulcinea para casto enamorado, y fiel escudero Sancho Panza bañado en realismo para su bien o su mal, toparán en el camino. Un noble táparo rocín supuesto heredero de Babieca, a quién de nombre pondrá el musical de Rocinante, lo llevará con los pies altos del suelo más allá de los campos de Montiel. De mil y una aventuras, donde el miedo no ha conocido, en donaires concebido, vendrá derrotado mas no vencido. Y, cuando a lindezas desmedidas, su silencio y misterio por algunos años como el Jesús del Evangelio, un tal Alonso Fernández de Avellaneda (que de bueno sólo tiene de primer nombre ser tocayo), ofenda, deseándolo reemplazar con otro falso hijo apócrifo... se levantarán Don Miguel y el viejo Hidalgo como el ave Fénix de las cenizas, y al impostor pondrán a recaudo del olvido.

Vuelve Don Quijote de la Mancha por las rutas de su gloria. Armadura y cabalgadura, escudero, adarga, lanza, espada y postura se llenan de cicatrices.
Otro tal Sansón Carrasco a quién le llaman el Bachiller, Caballero de Los Espejos, Caballero de La Blanca Luna; le vence en batalla dicen las escrituras, pero lo que nos enseña la historia es que el Bachiller fue otro tanto de los derrotados porque su nombre no está escrito en alabastros con dísticos acompañamientos como lo está escrito el del Caballero de la Triste Figura...

Un 23 de Abril de 1.616, en el último suspiro donde nuevamente impera la razón; de un sólo aliento Don Quijote se traga a su progenitor, y es ahí, donde en una mutua agonía nace el día del idioma y; Padre, Hijo y Libro se trasfiguran en la Santísima Trinidad de la Literatura Universal. Un dogma más sin principios Tomasinos.

Sólo me resta decirles, exento de apología a la pereza intelectual, que al Quijote no hay necesidad de leerlo, porque a cada quién a través de los siglos se le ha trasmutado en su memoria genética. Pero, nunca está demás para el contento y ejercicio del cerebro, al leer sus páginas bailar con las fecundas Musas, que te harán recordar que por estética y salud mental no es bueno tener en el olvido a la memoria del Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de La Mancha.