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jueves, 12 de diciembre de 2013

De la realidad a la ficción.

(Foto: Passofinno)

Hablo desde la ficción. Siempre entro a ella por la realidad sin ningún rasguño. En mi fantasía es donde mejor me encuentro, pero ultimamente siento que me hace daño. Los años siguen pasando y la ilusión no toma cuerpo alguno. Yo quiero creer, pero ya no sé en que o quien...
Mi mundo se deshace.
Ya no pregunto, de antemano sé que no hay respuestas, el silencio es el dueño de ellas.
Nunca pensé que amar tanto fuera tan dañino. Nunca pensé que el poder del amor se dejará vencer por el tiempo, la distancia, el olvido...
Debí aprender a caminar sin huellas, sin dejar rastro alguno ¿Para qué?... Si es porque la muerte cree que le huyo, se equivoca, es solo hacía ella, a donde va mi camino.
Hoy quiero salir de mi ficción y entrar a la realidad pero temo a las heridas, la realidad es tan cruel como lo es el amar sin medidas, sin tiempo, sin distancias, sin olvidos.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Nada suena

(Dibujo: Passinno)

Todas las cuerdas se las reventé a la guitarra, nunca pude con ella, ya no suena. Creo que se quedará condenada a un rincón, igual a donde tengo condenada mi alma.
No la hice mil pedazos por consideración con la madera, al fin y al cabo es de donde sale este papel en el que escribo esta decepción musical.
De verdad, que el mayor respeto, es un árbol el que me lo inspira; es el único que sin moverse de un lugar a otro, todo lo puede, todo lo da: Resistencia, valor, estoicismo, integridad, fuerza, alimento, abrigo, energía, sombra...
Hay en cada hoja, en cada rama, en el tallo, en la raíz, en la savia todo un conocimiento universal, lleva escrita la memoria genética de la naturaleza de principio a fin; por eso, el papel es su esencia, la reencarnación.
Mas, mi deseo era solo escribir sobre mi guitarra, sobre los acordes que se me enredaban en cada nota, sobre esa forma de rasgar como si estuviera chispeando mi machete en la calle antes de una pelea... pero es que ese olor de la madera, el de un árbol, el de una hoja de papel, el de los libros cerrados o abiertos, ese perfume silvestre, ese aroma de bosque ¡ay Dios! son como música a mi olfato. Será por ello que nunca aprendí a tocar esa bendita guitarra.
Me distraigo con facilidad.
Si canto con mi voz de tarro, las letras suenan como un poema borracho, las palabras me llevan a querer escribir una canción, y esa canción un poema, y ese poema un cuento y ese cuento una novela y... se me olvida que estoy tocando una guitarra, así como en este momento se me olvida lo que deseaba escribir... otro día será, porque hoy nada suena.