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sábado, 23 de marzo de 2013

Mi problema con la poesía.

(Dibujo: Passofinno)

La poesía... a veces siento que la odio. Cuando en sus páginas encuentro un poema y alguno de sus versos me sorprende; no soy capaz de seguir leyendo los otros, nunca termino un libro completo. 
En los versos que me detengo los quiero digerir despacio, como cuando come la gente culta y mastican su alimento muchas veces; dicen, que eso es salud y estética del cuerpo. Esos versos que así me llenan, no me dejan probar los otros, mi ansiedad tan glotona se los quiere tragar ¡Saber a que saben! pero el contenerme hace que a la poesía la odie.

Detesto aún más a mi poesía cuando a la medianoche me despierta un prólogo con una línea llena de puntos suspensivos; una idea que vuela con alas gigantes de papel, un intento de frase disfrazada en versos o un incomodo resorte automático que levanta medio cuerpo de mi colchón de plumas y laurel.
Y, como no repudiarla, si mi sueño placentero de la noche empieza su pesadilla cuando el tirano dueño de la casa de la poesía y esposo de la Musa de mi inspiración, acaba despertándome a patadas.
Con su voz de  gritos de trueno me ordena levantar mi pereza intelectual, me obliga a que lea, a que escriba; me jala de las orejas cual severo maestro al niño mal criado, forzándome a su vez -con sus manos gruesas de tinta en mis hombros- a sentarme en la silla de mi escritorio donde ya, como por arte del sonambulismo hay un humeante café y un encendido cigarrillo y sus humos de espera se entrelazan, formando en el aire blanquiázul figurillas de eslabones de cadenas, cuerpos desnudos que danzan, bocas de risas de duendes burlones y ojos sin alma de perdidos fantasmas.

Empiezo a leerte mi maldita poesía mientras el tirano por el rabillo del ojo atento vigila a que no me escape -como tantas veces lo he hecho- por los locos laberintos, dédalos semánticos del pensamiento.

¡Ahí están regados por todas partes los libros!: "El manifiesto" de Gonzalo Arango, fundador del Nadaísmo, el que aún después de muerto cada vez que lo leo siento que escribe mejor. ¡Benedetti, Lorca, Neruda, Borges! siempre en orden, no les cae el polvo, se las ingenian para mantener limpios sus tejuelos y solapas. Los Moaxajas, adornados con un cinturón de doble vuelta cantando jarchas en el desierto del poeta desconocido. Porfirio Barba Jacob y sus días frágiles. Jorge Manrique enamorando al viento. José Asunción Silva con un corazón dibujado en el pecho al que le dio un tiro. Bécquer, haciendo de un perfume un jardín. Rimbaud, Verlaine, Baudelaire, Mallarmé, Sade, queriéndose caer de las estanterías, siempre al borde, como si los lomos de otros libros los rechazaran... ¡Siguen siendo malditos! yo los llamo los señalados...

Abro el que esta más cerca: "El espantapájaros" de Oliverio Girondo, el adelantado, el que siempre me inquieta y a mi curiosidad pregunta ¿Cómo hizo para escribir éstos versos si no eran de su época? ¿Será que viajo a través del tiempo?:

"No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono, bajo ningún pretexto, QUE NO SEPAN VOLAR!!. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!" ("Espantapájaros-No se me importa un pito" Oliverio Girondo)

Y vuelve mi problema con la poesía apoderarse de mí, no soy capaz de leer mas de una página; estos versos me llenan de imágenes la fantasía y como agua fuerte me refrescan al casi amanecer del día. Quiero pensarlos, entenderlos, desentrañar el secreto de su dueño y, en un descuido del duerme vela de mi tirano me le escabullo con pies alados por los recovecos de la mente... Los senderos del placer, la pasión y el pecado me llevan a su casa de la poesía donde esta semidormida la Musa de mi inspiración y esposa del tirano. Al sentirme cerca, cierra sus ojos entrecerrados; sé que ella quiere que la bese porque sabe que yo besos no pido, eso solo lo hace el mal besador.
Saco mis besos de catalogo: El primero son los besos brujos, los que se sienten sin tocar los labios; después los besos suaves y silenciosos cerca a la comisura de su boca; los mordelones haciéndole su labio inferior leporino... Un beso Francés donde las lenguas se enredan como garfios mansos...

-¡Ay poeta que estamos haciendo!- Me dice un sensual gemido y saca mis palabras escondidas, aquellas que no quise plasmar en el papel y con ellas le ahuyento sus miedos sin que se apague su pasión... Un beso rojo punzó abre sus ojos y el deseo araña la espalda de la dicha dejando sus huellas en líneas de aliento y las puertas del paraíso nuevamente se abren como por arte de gracia...

Pasos de animal gigante escucho a lo lejos, es el tirano con su voz de trueno:

-¡Te ordeno que escribas, no huyas! ¡Que escribas versos te digo, que son tus latigazos, que expían tus culpas, tus pecados! ¡Te lo ordeno, te lo exijo, carajo!

Ser poeta es como hacer un pacto con el diablo y la poesía a la vez; a uno le vendes tu alma, al otro tu voluntad.

Salgo de allí -donde mi amada- como los amantes furtivos ¡Desnudo por el jardín!, me impregno de sus flores del camino. Las rosas rojas son mi piel, las orquídeas cojo a manojos entre mis manos y... una mustia blanca flor de loto la aferro a mi corazón y mi alma aunque ella se quiera ir...

-¡Ay, si supiera ese déspota tirano que en este amanecer su esposa volvió a ser mía!-

El tirano sigue buscándome por trochas y cañadas de la razón y la locura y hasta en las celdas de la memoria.
Yo se esconderme muy bien debajo de sus líneas y renglones. A hurtadillas, cuando estoy cerca; le derrumbo sus licencias métricas, le desbarato sus estrofas, ahogo las eufonías, estrangulo la prosodia.
Lo miro desde lo alto de sus poemas largos y le quiebro a pedradas los cristales empañados de sus versos alejandrinos, los herméticos octosílabos los echo al fuego haciendo un aquelarre en redondel de risas chillonas... Sus rimas, acentos tónicos, hemistiquios, tiempos y sonetos a mi también se me importa un pito; solo respeto lo cursi ¡es del pueblo! me reservo ese derecho.

Cuando ya cansado de buscarme el tirano se recuesta llorando de impotencia en un epílogo; me le acerco despacito por detrás con mi antifaz de metáfora ¡rasgo sus versos con rabia con ira los muerdo a dentelladas! y... Solo descanso cuando los veo sangrar...

Esta otra noche que llega y vuelva él con su vuelo de poesía a interrumpir mi sueño... Ya sé lo que haré... ¡Me convertiré en un ESPANTAPÁJAROS!


(Passofinno)



jueves, 21 de marzo de 2013

Revelaciones de un alter ego detestable (III)

(Dibujo: Passofinno)

(Sin sabor es lo que alimenta la soledad)

ANA
Anarquista, anacrónico, anacoreta, anaconda, analfabeta, anal... Todo lo que contenga: Ana, me interesa.

¡Ana!... ¡Ana! Con solo pronunciar el nombre se me hace chocolate en la boca, igual cuando beso cada poro de su tez negra como el azabache. Esa piel que parece derretirse cuando la pasión nos coge por su cuenta en un sesenta y nueve de anagrama... ¡Ana!... ¡Ana!

Ella odia cuando la llamo: Ana. Me recuerda hasta el cansancio que su nombres es Anastasia, como la Gran Duquesa Rusa de la que dice es descendiente directa. Sí, de verdad. Su abuela le dejó la historia real escrita -como herencia- con fechas y fotos en hojas incrustadas de un portulano. Yo pienso que es más bien de linaje Bantú o tal vez Masai, porque el porte de reina es innegable.
Dice que cuando no ironice más (toda vez que cuenta su historia) me mostrará las evidencias. Yo le he dicho que le creo, que no me burlo, que me río es por los nervios. Ella pone su mano abierta entre mi ombligo y la ingle -porque ahí tienen embutida los hombres la mentira y la verdad- y según los pálpitos sabe si aún miento al decir que le creo.

Mi adorada Ana no tiene a nadie. Nadie le importa. Desde muy joven está sola. Lo que si tiene es un montón de cachivaches que conserva como si fueran su religión: Dos huevos de cristal tallados Fabergé en fondo negro medianoche con las figuras de una lamia furiosa y un endriago tan brillantes como su fuego, deben valer una fortuna. Un camafeo en ágata con imágenes en relieve de una familia sangre azul elaborado en Torre del Greco. Un álbum antiguo con fotos sepias en piel repujada. Una caja musical llena de cartas cetrinas escritas a puño y letra con tinta verde y que al abrir hace sonar el Danubio azul de Johann Strauss. Dos frascos repletos con piezas de ámbar en todos los colores: amarillos, rojo cherry, verde pavo real, negros, azules profundo de no me olvides; parecen flotar en un mar transparente.

Otras cosas más tiene que ya son de su intimidad, como bolas chinas para fortalecer la musculatura pélvica, vibradores en varios tonos y medidas que alejan la anorgasmia, una silla erótica que pone a trabajar la cabeza con la imaginación dando rienda suelta a las fantasías y al disfrute sin límites; fundas para el pene, conos, anillos, lubricantes, tangas brasileras y esos otros juguetes que todos sabemos pero los locos nos hacemos cuando los vemos ¿Me entienden?

Ana -¡Anastasia!- Sabe lo que tiene y lo calla porque como llegó no recuerda nada.
Lo único que recuerda de su niñez es a su abuela contándole historias de princesas tristes y que cuando le veía caer una lagrima en su mejilla cambiaba los finales para espantar las pesadillas de sus sueños.

En su apartamento hay un ventanal que da al balcón; de ahí veo el mirador de Tabata que es perpendicular al balcón de Ana. Una especie de arquitectura reciproca negativa que impide ver desde la pendiente del mirador de Tabata, el balcón de Ana. Por lo tanto, si yo estoy viendo a Tabata, ella no puede verme; eso son cosas de aristas, vértices, líneas y planos que en otra ocasión con la ayuda de Leito Davinchi (El de la mona simple), podré explicarles.

Tabata sale al mirador, tiene flojos los botones en su camisa de cuadros a la que amarra un nudo con las puntas en la cintura dejando ver su ombligo. Tiene puestos los short que mejor le dibujan la talla en V de su pelvis y lo redondo de sus nalgas.
Cuando veo a Tabata, es igual cuando veo a Ana. Pueden estar muy lejos o muy cerca y la miopía o el astigmatismo chicanea sin gafas.
Tabata me mira y no me ve. Yo veo que sus manos extienden una sabana, la sacude en el aire y le caen dos plumas grandes... ¿De quien serán si a Tabata no le gustan los animales? (Me hierve la sangre... burbujea)

¿Que miras? Nada Yo se qué ¿Que será? Esperas ver pasar a la de los tintos ¿La de qué? No te hagas el bobo, estas pilla'o. (Silencio, largo silencio; pienso, pienso, debo contestar rápido, ¡rápido!)... No supe que decir, la mejor táctica es hacer rostro de enojado. (Hago cara de molesto)

A estas horas siempre la veo pasar, debí ser demasiado evidente para que Ana se hubiera dado cuenta, pero estoy viendo es a Tabata que se burla en silencio como los que cometen venganza.
Ana, de Tabata no se ha dado cuenta.

¡La de los tintos callejeros! ¡Claro, eso es! e ahí la estrategia...

Cuando llega a la mitad de la calle (La de los tintos), la palmera que hay en el jardín del frente se mueve   queriendo bailar, no necesita vientos que la alienten, ella solita la saluda como homenaje a su belleza. Se inclina, levanta unas hojas baja las otras ¡Námaste!, cambia el ritmo, silba. Si pudiera hablar le echaría un piropo ¡Que palma tan coqueta! debe ser macho.

La homenajeada sigue derecho con su carrito de manillar donde lleva varios termos y una pequeña greca. Alza su mirada indiferente, hasta mal rostro me hace, humilla conmigo la necesidad. Camina como las modelos de pasarela en una sola línea los dos pies, adelante atrás, adelante atrás con un vaivén que me dice ven y no te acerques ven y ven aquí estoy me voy y vuelvo a un lado a tu lado.
Ella sabe que la espero (Hoy se me iba olvidando. Culpa de Tabata), me gusta la deseo, así no se lo haya dicho. Conmigo tiene los días contados, muy pronto sabrá de las tres técnicas del Tantra, de las claves súper orgásmicas, de como llegar a la gloria bajar al averno y volver al Edén como la Hurí de los ojos negros... Siete, seis, cinco, cuatro, tres... (Cuenta regresiva)

Sigo con un ojo viendo a Tabata, acaba de entrar a su alcoba moviendo sus caderas como si me llamara a la guerra. Con el otro ojo estoy viendo a la bella de los tintos callejeros...
Estoy convencido que necesito un tercer ojo para no descuidar a Ana. En estos días llamaré a Lobsang Rampa y concretaré el negocio.

Ana también se fue a la alcoba, se sienta en la cama. Yo sigo detrás de su aroma que queda atrapado entre las paredes perfumando toda la habitación. Un olor a naranjos en flor, mirto áloe sándalo, agua de rosas jazmín de la noche ciervo almizclero, arrebata el ardor de su dios Woka que esta prendido en un pie amigo de madera... Me da un beso, yo le doy dos uno más, siempre me gusta llevar la ventaja. Con los besos se debe ser muy generoso ¡Mmuuuás!

Un maullido un ronroneo sale dulcemente de su voz de gata: Miaú. Escasamente lo perciben mis sentidos miaú. Es la forma de pedirme que le quite sus tacones. Primero el derecho (Debo hacer una postración  noble, de sumisión con elegancia y clase) para la buena suerte. El izquierdo después, al que le doy un beso para que con el pie desnudo toque las partes nobles que me harán su esclavo.
Se adentra en la cama como si se la estuviera tragando su alma, apoya sus manos en la almohada, inclina hacía atrás la cabeza, estira sus pies como templando la carne al sol negro, parece lanzar con su cuerpo una flecha que le ha robado a Cupido... Yo me pierdo de la humanidad, me vuelvo dios y diablo, Dr. Jekyll Mr. Hyde, todo un Abraxas.

Su amor cortés será nuevamente mío este día esta noche al amanecer... ¡Míau!

Coda: Ana, -¡Anastasia!- Tabata, La de los tintos callejeros; tres personas distintas un solo deseo... Humm...  pongámonos serios.


martes, 12 de marzo de 2013

Revelaciones de un alter ego detestable (II)

(Dibujo: Passofinno)

(La soledad y la antigüedad tiene el mismo color sepia y la piel gótica)
Mími.
Es vampira, mejor dicho: ex-vampira. Tiene todo un proceso de rehabilitación, aún conserva ciertos poderes pero no los puede usar , retrasaría su recuperación; sería como quemar sus últimos cartuchos, su única esperanza de volver a vivir una vida normal. Es que eso de ser chupasangre y dormir en un ataúd se vuelve rutinario. Hay que cambiar el menú y la rumba es la receta.

Ella no me ha contado toda la verdad, me lo prometió pero no lo ha hecho. Dice que cuando lo haga tendremos que ser los dueños del tiempo porque será largo y tendido en un triclinio al estilo romano. Habrá que tomar notas así estemos desnudos, quizá grabar parte de la conversación; se hincharán las pelotas del cansancio ya que hay tema para rato; hasta con que escribir un libro o porque no, una saga más, una trilogía o tetralogía. Lo poco que me ha adelantado es que por su sangre corren ríos de cuerpos desbordados en otros tiempos, en otra época. ¡Uff que miedo! Con razón está sola (eso parece). Quien querrá estar con esas circunstancias; solo esta hueva lo hace por lo que ella tiene entre las piernas. Aunque no nos digamos mentira, yo por eso y menos me dejo chupar la sangre que sea, si le gustan los tuétanos que le haga sin compasión.
¡E ave Maria púes! es que hay que verla cuando se desnuda en silencio, despacito como loba en acecho; piel traslucida, blanca como la nieve, de porcelana; firme, lisa, suave y tersa a la vez.

Sus ojos de lechuza, casi rojos, me miran tan fijo que sus silencios no callan; acusan, exigen, se burlan; me hipnotiza, no soy yo, parezco volar; con la yema de mis dedos -acostado en una alfombra mágica- toco los faros del alminar, voy a Bagdad y vuelvo, ¡ahhh... Sherezade!... Miro la hora en el Big-Ben de la torre de Londres, son las ocho y cuarto p.m., el sol se demoró un poco en ocultarse, el crepúsculo llegó y se va con Mími, trae una antorcha entre las manos, le gusta la luz de la soledad, esa que el fuego esparce en sombras como escorzas queriendo atraparlo a uno en cada paso que se da.

La noche anterior, casi al amanecer, mientras el corcoveo de nuestros cuerpos hacían su faena; se montó de repente encima a la jineta. Me dijo que debía cabalgar como Lady Godiva, a cumplir una promesa por un regalo de Dios, y que yo debería cerrar los ojos porque si la veía quedaría ciego como el sastre voyeur. Esa noche cabalgó y cabalgó hasta que mi peculium pidió clemencia.

Esas cosas siempre me pasan por ambicioso o lujurioso o por oso tragón. Claro que no huyo si se vuelve a dar, yo soy de los que fácilmente olvidan la historia para repetirla. ¡Me fascina!

No volvimos hacer el amor en varios días, no por disfunción si no por hinchazón. La veía tan molesta que no hablaba (casi nunca lo hace), se jalaba los vellos de la vagina con putería y abría la boca mostrándome sus caninos que salían y entraban de la encía con ansiedad. ¡Gruuurrr! Me parecía escuchar.
¡Si tan solo una gota hubiera tenido de ese bendito bálsamo del feo Blas, nos habríamos ahorrado la terapia y la espera!

Para estar con Mími hay que caminar (como ella) por la vida sin esperanzas, sin miedos propios ni ajenos, con los sustos cancelados; siempre estorban.
Entre ella y yo no es mucha la diferencia. A mí me gusta sexo todo (nueva palabra que estrenamos hace poco), o sea con todos los fierros. A ella le gusta trifásico, cada cosa en su lugar, en estricto orden: Las manos deben hacer su recorrido adivinando zonas erógenas que al encontrar dibujen un dulce gesto silencioso en su rostro. Los dedos tocaran Des Abends de Schumann en cada poro de la piel como lo harían en un piano.
Yo le conozco sus mapas donde el punto G está marcado con rojo. Me sé de memoria las rutas donde florecen las mariposas amarillas, los caminos de las wandas y las guinevere.
Respirar se me volvió un arte, debe tener ritmo y oírse dócilmente en susurros que entrecierren los ojos, igual como cuando se come arequipe.
La antesala prepara la mesa con el ambigú, en los postres del placer no debe faltar nada. Caricias de tres leches es parte del plato principal, son la entrada con los besos que van floreciendo en los labios.
Mi cuello está listo para que ella calme su sed...

La sinestesia nos une, sentimos el sabor de las palabras, olemos las imágenes. Si vemos números identificamos sus colores, si los colores predominan les escuchamos su música... un dos tres, un dos tres Tiempo de vals ¿Bailamos?... Y Mími y yo bailamos un compás aquí, suavecito otro allá, cadencia, dos besos uno más, la mano más abajo de la cintura, que la suba, que la bajo... tra la la la la, do re mi sol fa.

De Mími soy su esclavo del deseo, Príapo subyugado. Cuando me necesita debo estar a su lado, no hay peros que valga, eso debe ser de inmediato, chan con chan. No importa lo que este haciendo o con quien esté. No hay excusas: Please excuse me ¡Mentira, Grruuuur! Que fue que había un trancón en la vía ¡Mentira y mordisco en la garganta, zas! Que tenía una cita médica ¡Mentira y a la yugular, ay! Que a mi abuelita se la comió el lobo... ¿Lobo, licántropos? ¡Huy Dios mío! ni que se me vaya a ocurrir mencionarlos ni en broma, hasta ahí llegaría mi buena fortuna.

Hace poco pensé que parecía una loba en acecho cuando se desnuda y me leyó el pensamiento, no puede evitar usar ese don, tiene permiso especial para hacerlo por el hecho de ser mujer.
Las mujeres son inherentes al bla bla bla, y si de pronto hablan poco (cosa rara), deben compensarlo con escuchar, incluso los pensamientos.

Me perdonó lo de loba, pero advirtiéndome que no lo hiciera más... ¡Aauuuuuú..... aauuuuuú!


viernes, 8 de marzo de 2013

Revelaciones de un alter ego detestable (I)

(Dibujo: Passofinno)

(La soledad es ígnea obsidiana, cristalina y opaca. También corta las venas)

TABATA
Me excita la soledad de las mujeres solas, de aquellas que por compañía solo tienen un gato, un frespuder, pericos, canarios o cualquier otra puta mascota. Sus espacios huelen a miaos domados, a rila, a naftalina, a chanel vencido, a noches cansadas; a baldosas restregadas con falsas lavandas.

Me gusta verlas cuando se asoman en la mañana a los balcones de rejas, cuando la turgencia de sus senos apunta hacia el cielo desafiando la pasión de los ángeles caídos.

Tabata es distinta. No le gustan los perros menos los gatos, dice que tienen pasos de ladrón, y que los pericos no cantan y que los canarios sí pero cansan igual. Ella es distinta, pero está sola como las demás.

Una vez tuvo una hicotea. Cierta noche la malparida desagradecida se fue sin decir adiós, no le gustaba Tabata como compañía. Esa tortuga no caminaba, corría como si estuviera huyendo del orco que tendría como destino.
-¡Ojalá la pise una tractomula o se la piche un burro- dijo Tabata seis días después cuando se dio cuenta de la fuga.

Tabata me gusta más que las otras soledades. Cuando hacemos el amor nos desnudamos sin testigos; no hay miaus ni güaus ni trinos ni tweets en perplejo onanismo.

¡Ring- ring! (Estoy tocando el timbre)
¡Ding-dong, ding-dong! (perdón, se me olvidaba que así suena)
¡Ding-dong!

¡Ya, yá, un momento, que afán! Hola. Hola. ¿Cómo estás? Bien y ¿tú? ¿Estás molesta? No bien, tranqui. Parece. Es que no me gusta madrugar, bien lo sabes ¿o.k? Yes, sisas.

Vida pa'hifueputa, no debí venir, la ansiedad siempre me gana (pienso) ¡Mentiras! son las ganas de ver sus piernas, de perderme en ellas después de lamer su paraíso (sigo pensando en silencio)

Siéntate, ya vengo. Sisas.

Las mujeres que madrugan son más apasionadas que las que se levantan tarde. No sé donde lo escuché o me lo acabé de inventar. ¡Falso! Todas las mujeres son apasionadas, lo que pasa es que lo disimulan muy bien.

¿Tomas algo, café o qué? Guarito mejor. Está temprano ¿que importa?. Así sabe mejor, entra como el rocío a la mañana servida por Freya, cuadra guayabo.

Tabata se pavonea al caminar, su falda se levanta sutilmente en el pliegue derecho y al otro paso en el izquierdo, como si las nalgas tuvieran cola y con ella las alzara queriendo mostrar su trasero. Parecen tambores de guerra al pasar de la puerta a la cocina, de la cocina a la sala, de la sala a la alcoba.
Besos vienen besos van, arriba abajo, traviesos atrincherados; a ella no le gustan los de catalogo ni los que se han clasificado con anterioridad. A mí me gustan como sea, con lengua sin lengua, mordiditos, chupaditos, de toditos, los doy con garantía, acepto la devolución de los que no le guste sin ningún interés sin rechistar.

Tabata se afloja un botón, intenta el otro, lo deja por la mitad. Yo creo que a las camisas ella les cose el segundo ojal con esa intención, para que el botón quede siempre atrapado en la mitad. Maquíavelicamente hablando debe ser un truco orgásmico, porque al instante empiezo como bestia en celo esperando a que se salga de ese maldito agujero.
Me desespero más de la cuenta, ella me dice que el que espera tiene las peras y el olmo, que tranqui; pero es que esos muslos como ancas de yegua fina, esas teticas... ¡NO! ¡Que no diga tetas! ¡que eso es de atarbanes! ¡Ni teticas ni pecho que ella no es una travesti que más respeto! ¡Que oiga mire y vea, que...! Y si me sigue regañando pondrá a funcionar el matapalo. Yo le calmo, digo: -Senos, hermosos y bellos senos- se los quiero chupar, atragantarme la garganta con ellos, morder suavemente la puntica ¡Que NO, punticas NO! ¡Pezón!... No me gusta decir pezón, no es sensual, mejor me callo, traspiro, jadeo, calma, calma alter ego.

Tampoco le gusta que le diga groserías al oído, me dice, que eso es mentira de que excita a las mujeres, ellas ahí no tienen el corazón, tienen la conciencia y la conciencia necesita escuchar palabras sueltas como caricias de violín, mimos de bandoneón; solo así la conciencia se convence de entregar las llaves del yoni, e incluso te acompaña hasta el Nirvana, al Edén; te lleva al kundaline para que la serpiente dormida al despertar no te haga daño o te destroce como la viuda negra. 
La conciencia es alcahueta si la consientes bien. Se necesita todo un tratado.

No sé de que color son los ojos de Tabata, si fueran azules o verdes no necesitaría preguntármelo, ese color siempre resalta a la vista. Cuando son de otro matiz como café obscuro o negros, siempre quedan dudas.
Hoy abriré los ojos al besarla, me miraré en los suyos como en un espejo y estaré seguro de no quedar mal por si algún día pregunta. No estoy dispuesto a perder por el resto de mis días su manjar.

Hace frío en la alcoba, el sol entra retraído, descorre con sus delgados rayos la cortina, se ve que el viento le ayuda. La puerta del balcón esta medio abierta. Me gusta que las alcobas tengan mirador, cuando se hace el amor en ellas, parece que la cama estuviera en una nube, los cuerpos desnudos no se despegan por temor a caer. ¡Adrenalina pura!

La cama de Tabata tiene seis patas, las cuatro de las puntas son torneadas en madera de cedro. Las dos de los centros son adaptadas y rectas como falos en acecho, antes eran de hierro forjado pero chirriaban mucho y rayaban el piso de parquet.

Tabata es toda una artista cuando se acuesta en la cama, cada movimiento suyo tiene fuego, el deseo pierde la razón y la locura se apodera de la pasión. En su rostro empieza habitar la Petite Mort. Desnuda es... creo que no tengo la forma para describirla, habría que verla o inventar palabras nuevas que no estén gastadas y le hagan justicia  a su piel, a su cuerpo, a sus medidas, a ... digamos que a todo, la perfección solo existe en ella. ¿Síndrome de Stendhal?

Dios fue muy tonto al crearla, debió quedarse con ella. Yo, a una mujer así, si tuviera el poder de ÉL, jamás la compartiría ni se la entregaría mucho menos a un mortal. ¿Será que Dios mucho me ama? Humm... ¡Gracias Dios!

No me importa las horas que son. Que sean las horas que sean. Quiero hacer el amor y sin testigos como nos gusta a los dos, no entiendo pues que hace este adlátere diletante escribiéndonos. ¡Oye tú. Si tú el amanuense! ¿Es mucho pedirte escritorcito de pacotilla que nos dejes solos en la intimidad? ¡ Respeta al menos estos momentos de tus personajes so penco! o ¿Quieres arriesgar a que alguna vez en tu vida uno de ellos te demande por violación a su privacidad?

¡Los personajes unidos jamás serán vencidos! (bis, varias veces)

-Tranquilo, ya me voy- (esto me huele a protesta, rebelión)

...Y el alter ego y la sublime Tabata hicieron y deshicieron que dan ganas de contar pero, ya ustedes vieron que no se puede... ¡Cosas de caballeros! ¡Ah! por cierto se me olvidaba decir que también vivieron felices y comieron faisán, tomaron guaro hasta que algún día me dé la gana de volverlos a escribir (Si es que levantan la huelga)
¿FIN?