Vistas a la página totales

domingo, 30 de junio de 2013

"QUE UN SILENCIO SIN FIN SEA TU ESCUDO 
Y AL MISMO TIEMPO TU PERFECTA ESPADA"
(F. L. Bernárdez)

(Dibujo: Passofinno)

lunes, 17 de junio de 2013

Las palabras...

(Dibujo: Passofinno)

A veces pienso -cuando escribo- que ya todo está dicho, que las palabras de tanto usarse se han gastado, que las frases se calcan unas a otras, que los fonemas de ser tan distintos se volvieron iguales. Parece que todas las letras fuesen una sola.

Cuando leo algo; un artículo de una revista, un verso de un poema, un cuento en un libro; me da la impresión de que me han robado las frases o que yo se las he copiado a otros. Me da la sensación de que yo no soy y otro soy el que soy. Es como si el dueño de la literatura estuviera jugando con ella a la rayuela o a los dados. Es como si la contemplara con un sadismo silvestre, con un maquiavélico divagar en su círculo vicioso, en la repetición de la repetidera, en ese reciclaje intelectual de nunca acabar.

Nos llenamos de lugares comunes, de los mismos asombros, de los previstos finales, de un afán imperioso de sobresalir, de ser aplaudido; de ser el dios del intelecto, de peinar constantemente el ego en los espejos de piedra... por más que se intenta en crear algo nuevo, se le nota en la costura los retazos de lo viejo.

¿Quién es el dueño de las palabras, el amo de las frases, el propietario de las metáforas?
¿Cuál de los decálogos es la praxis, las etapas que conducen a la conciencia?

Las palabras, cuando las quiero usar no se dejan, se alejan sin decir adiós, vuelven y regresan y coquetamente nos besan sin tocar los labios. Las palabras, brincan a saltitos entre los puntos suspensivos... Son como las mujeres, sino las consientes, las contemplas, las acaricias; no lo entregan todo, son un enigma. Cambian de significado como de vestido, si van de fiesta se visten de negro, si es a un velorio, lo mismo...

Pero en realidad no es esto lo que hoy quiero decir. Son otras las palabras por escribir y que sé que nunca las leerás, pero debo hacerlo:

Entre palabras y puntos suspensivos, encontré su huella...
¡YO SABÍA QUE VOLVERÍA A SONREÍR!

lunes, 3 de junio de 2013

HALLY (Revelaciones de un alter ego detestable, IX)

(Tu eres mi soledad, simplemente porque no estás)

(Dibujo: Passofinno)

¡Japi berdi tuyú japiberdi tuyú!

Hoy debe ser tu cumpleaños. Me hubiera gustado escribirte un e-mail.
¿Me recordarás hoy, como te estoy pensando?

Te imagino, desnuda frente al espejo reflexionando si te arrancaras el cabello de la ira o probarás el helado de kiwi para los invitados. Yo creo que chocolates matará kiwi al derretirse con la sal en los labios.

Para quienes no la conocen, se llama Valeria, pero le decimos Hally por aquello de Gatubela modelando por los entejados de Batman ¿Recuerdan? Es su hobby favorito. Cuando trasnocha, se disfraza igual y maulla ¡Miauuú! Ronronea al filo de los bordes entre los limites de la calma y la paciencia ¡Aarrgghh! Aunque ella hubiera preferido que la llamaramos Paquita ¡Pilluela!

Recuerdo un cumpleaños anterior, tenías puesto ese vestido corto de flores con escote, las sandalias doradas con luciérnagas alrededor, los labios color provocación que despues borrarían mis labios... Olías a jazmín que brota como el amor en la noche; estabas en tu cuarto yo acariciaba tus pensamientos, contemplaba mis derrotas en tus derrotas, jugaba con las palabras en tus pupilas y tú me enredabas -como siempre- en versos.
Ese día mi imaginación jugó con tu cuerpo: Las flores de tu vestido corto las cosí alrededor de tu ombligo, por cada puntada un beso, me ayudaron las luciérnagas; el escote lo bajé donde queda más preciso, dio el talle. Los labios sin color volví y los pinté a mordiscos y las sandalias... las dejé puestas en tus pies, pronto llegaría hasta ellas. Ese día aprendí a desaprender, supe que la piel es la única que me vence en batalla. Ella dice ven, y yo voy y vuelvo cuantas veces me desee, mi obediencia es a tu carne Valeria Hally Paquita Japiberdituyú Hoy como ese día te deseo más y más ¿Donde estás?

Siempre quise decirte cosas que hoy tampoco te diré, como aquello de que no nos gustan los finales y el porqué. No te diré tampoco que fingimos no ver a las personas para no saludarlas, que inventamos compromisos para no asistir a otros, que robo tus citas y tus frases para crear conjuros que cazan brujas, que la fobia social nos alimenta, que tenemos nuestros odios en común contra los que se creen superiores sin serlo, que los complejos son de los otros no nuestros, que nos da asco obedecer, que la soledad es lo más parecido a la felicidad cuando es voluntaria, que solo cuando viajamos con el ser que deseamos sabemos si lo odiamos. No te lo diré Hally, Japiberdi tu yú.

Su amor es como el viento, no se ve pero se siente, te arrastra, a veces te acaricia te refresca te golpea, es un amor en las nubes en la montaña en la tierra, está en todas partes como Dios.
Sé que es una hechicera, soy consciente de ello. Toda la taumaturgia de la Guinevere y de Morgana le fue dada pero no se lo reprocho, por el contrario, lo disfruto; sobre todo cuando me convierte en sapo ¡Croack! es un juego que nos divierte cuando se nos acaban los abracadabras los ábrete sésamos. Ella me convierte en sapo ¡Croack! y me besa cada vez que me encuentra en el lago. Yo dejo que me halle muchas veces. Entre más encuentros más besos, todo es cuestión de matemáticas, puro arrebato.

Valeria Hally Paquita ¡Pilluela! Gatubela ¡Miauú! Guinevere Morgana Japi berdi tuyú tiene fuego hasta en su pelo que a veces es del mismo color, pelirroja le llamo cuando no me escucha. 
Sabe muchas cosas, conoce las palabras escondidas, hace malabares con ellas, algunas veces las utiliza como herramientas para cortar cadáveres, son dagas de tres filos; otras veces las utiliza para domar tigres de cristal... Lo que no sabe Hally, es que yo soy el dueño de sus jaquecas; cada vez que le dan es porque no me piensa. De sus rabietas y berrinches no me puede culpar, esas las heredó de un ancestro Celta o de una tal Boudica, lo sé con certeza porque ella misma lo dijo -ese día que hablo dormida- cuando botó al piso las cobijas azules (Que frío hizo esa noche, lo recuerdas?)

¡úyut idreb ipaJ!
(Junio 3)