Ir al contenido principal

Son sus pasos...

 (Foto: Passofinno)

Son sus pasos. Llegan a mi puerta. Se detienen. Los reconozco por su forma de pisar: Un paso lo hace más fuerte que el otro, cada movimiento tiene una señal, hablan en su propio idioma un lenguaje que aún no entiendo. Sus ecos resuenan con la seguridad de llegar donde los esperan. Pero, cuando están cerca, dudan, esperan, se van. 

¿Qué te detiene? ¿Será acaso el desconocer, el no saber quién soy en realidad?

Las sorpresas tienen un porcentaje muy alto de desencanto, casi todas son siempre lo que no se espera o lo que no se quiere. Estoy convencido de que el engaño siempre viene oculto en su papel de regalo.

Es mejor así, con desilusión a bordo. No sé si es Séneca o uno de esos otros tantos y tontos, o sabios y especuladores que filosofan a voz abierta u ocultos en los oráculos, en los proscenios de los teatros o en la prisión mientras beben cicuta, que me dijo alguna vez mientras volaba sin sombras por la línea del tiempo, que es mejor tener cierto grado de pesimismo moderado, para que la ira no nos gane en el momento en que todo se nos derrumba ante una vana ilusión, ante un amor que no fue el que idealizamos, ante aquello que soñamos y al despertar lo encontramos sin la máscara que le forjamos... "amos" y más "amos" de los que nos adueñamos aún siendo sus esclavos ¡dualidad nouménica!

Me quedé sin aliento. Siempre digo lo que intento con palabras que le ganan en velocidad a las frases. Si las escribo, se acomodan como pueden. Si las hablo se enredan en la lengua, se mastican entre los dientes, salen como salivas, se tragan solas a veces; mis palabras no piensan como yo, no se entienden en su realidad ni en su metafísica.

Yo podría abrir la puerta con solo escuchar tu último paso, podría incluso hasta obligarte a entrar si pretendes nuevamente en huir; esta bestia que hay en mí no se detendría al verte... pero... Tienes toda la razón, es mejor que no sigas, que no toques; la desilusión está a tu alcance, a un simple toc-toc. Devuelve tus pasos como siempre lo haces, no soy recomendable

Comentarios

  1. La desilusión está en cualquier lado... Entre una desilusión y otra, la peor es que no me abran la puerta.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Haz que suene la campana, quiero verme en tus ojos...

(Dibujo: Passofinno)
Era tanto el deseo de verte que no esperé a que hicieran sonar la campana. Yo mismo me escabullí sin que el profesor, ni alguno de los alumnos del salón de clases se percataran de mi salida. Corrí ansioso al lugar del toque, y sin pensarlo dos veces jale el cordón con tanta fuerza que se desprendió el badajo de la campana, cayendo tan estrepitosamente desde el segundo piso que por poco no le reventó en la cabeza al rector. Igual, tan veloz como llegué, huí de ahí; por fortuna nadie se dió cuenta que fue mi amor por ti el que produjo tanto escándalo, y ese solo fue el primero de los muchos que habrían de llegar... Desde ese día nadie la volvió a tocar, el tilín - tilán que anunciaba la hora del recreo o de la salida, no volvió a sonar.  Creo que fue cosa de las directivas del colegio, el que resolvieron que sería un peligro volver a instalar el badajo y se pudiera presentar otro accidente donde no se tuviera la misma suerte y pudiese salir alguien herido o quizás -…

El sábado en la noche

(Dibujo: Passofinno)
Siempre son la mismas palabras, todas hablan del sol de la luna, de los vientos, del mar o las estrellas. Todas están curtidas por el tiempo, la pátina se ha cansado de pintarlas, parecen desgarbadas, su sonido ya no es igual es atonal, de ecos vacíos, porosos con zumbidos que al leer resecan la boca y rajan los labios. Palabras gastadas que se acomodan como los zapatos viejos que ya no tienen suelas y se les entran las aguas y las piedras, toda la arena al caminar porque están rotas, como están rotos los sentimientos, los corazones que laten de ira, sin más emociones que su odio y su envidia.

Hay que empezar a hablar con la lengua afuera como lo hacen los perros cuando tienen sed, cuando dicen que están cansados, que no los jodan más. Hay que empezar a hablar como lo hacen los gatos, con maullidos, y ronroneos cuando están enamorados, todo lo quieren ya y se les da. Hay que empezar a hablar como lo hacen los ruiseñores que cuando trinan sus cantos en la mañana se…

No, por favor

("Un adiós")
Fue un ruego en un susurro. Sus labios en mis labios, por cada beso dejaban escapar un rumor: -No, por favor- le escuchaba sin hacerle caso, mi amor era más fuerte que la razón… Le besaba tan apasionado, que a pesar de sus ruegos no se resistía. Solo pronunciaba esas palabras -No, Por favor- como una oración ante un pecado sagrado. Ella, como yo, nos amamos; pero nos dijimos adiós. Su adiós fue anunciado, decidido; el mío en contra de la voluntad. Esa noche, iba a ser la gran noche, por tanto tiempo el día esperado. Subimos al alto de la colina, no hubo obstáculos, el camino estuvo despejado, y al llegar a la cima ella tuvo frío, temblaba un poco, se abrigó para entrar en calor. El viento estaba generoso porque a pesar de su fuerza, nos acariciaba. Digamos que era una brisa fresca que invitaba a que estuviéramos abrazados mientras nos besábamos. Hubo momentos de silencio a cada intervalo cuando mirábamos la ciudad, nuestra ciudad. Yo quería adivinar su pensamiento …