Ir al contenido principal

Arrebato



(Dibujo: Passofinno)

Igual, como en mis sueños, siempre pierdo el camino. No hay códigos que valgan, casi todos se me caen de los bolsillos, excepto algunos que guardo sin descifrar, por ellos me han cerrado las puertas.

En un arrebato, me excedí en palabras, dije lo que aún no debía decir y te hice huir. Quizás, fue la felicidad o la emoción que tan ligera sentí, que brotaron de mí un torrente de crepúsculos y alboradas, de faunos y hadas, de aquelarres -bailando con almirajes- alrededor de la hoguera de las brujas malvadas...

Otro arrebato, que descifraba tus códigos, perdió la clave al entrar en la cerradura de tu puerta. Quiero creer que así fue lo que pasó, que no me pusiste la tranca. Quiero pensar que fue un descuido -como a veces los cometo yo- cuando sin darme cuenta, pongo el seguro sabiendo que muy pronto vendrás.

De arrebato en arrebato me vuelvo sincero, y creo que es el miedo el que nos hace cerrar las puertas, devolver los pasos, tapar los oídos, trancar, asegurar, encriptar los códigos.

Cometo errores para no dejar que venzan mi soledad, me gustan mis llantos silenciosos, aquellas lágrimas ocultas que nunca brotan de mi seco lagrimal. Soy un ser oscuro que solo ríe a las sombras de Garrick. Tú, en cambio, eres mi igual; mi dualidad personal, aquel eterófono que me enseñaste a sonar sin tocar con las manos de tu imaginación.

Sé que te necesito pero te huyo, vuelo rapaz por tus cielos. Tú, tendrás que hacer un nuevo curso de cetrería, porque cuando me enseñes muy bien tu arte para cazar, no querré sacarte los ojos.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Entre vacíos

 (Foto: Passofinno)
Todo se torna vacío. No hay preguntas. Cualquier palabra que escucho es como si no tuviera sonido. Nada me llama la atención, hasta los poetas con sus versos me parecen gallinas culecas, son como un cacareo molesto, como si sus pasados pesaran tanto o más que esté presente donde la pedantería es grotesca y vanidosa, trifásica por lo latosa. Ya no hay escritores que valga la pena leer y  están haciendo quedar  en rídiculo a los antiguos, como si no les hubieran aprendido o entendido nada; casi todos los copian como autómatas, no son originales y se ufanan de sus lineas recicladas que solo son lastres sintácticos sin fuerza, rémoras incrustadas sin duendes, sin demiurgos, sin caballeros andantes con la locura como corona de la cordura.  Lo dulce tiene un sabor amargo, que empalaga, que fastidia. Ya nada de lo que leo o escucho me eriza la piel, ni me hace pensar, ni me anima a intentar cometer poesía. Creo que estoy muerto y mis átomos no se han desprendido porque no…

Otro día más sin verte...

(Foto:Passofinno) "Ya, ya no puedo más
Ya me es imposible soportar
Otro día más sin verte..."

Y estás allá Donde el tirano bebe sangre Y se adueña de tus días Para que mis noches sean eternas.
Tu voz ya no escucho Solo el eco del recuerdo Suena en mis pesadillas Y calma la angustia.
El desespero se desborda Por las líneas de la paciencia. Como este grito que no escuchas Como estos llantos sin voz...
¡Ya no puedo más! Mi cabeza es un tambor de revólver Las balas están en tu olvido Los disparos en tu adiós.
Todo orden es mi caos Los versos sin rima
La cordura en mi locura Las palabras sin significado.
Otro día más sin verte.

Carambolo

(Dibujo: Passofinno)
Era un ábrete Sésamo en todo su esplendor, con solo mirar, la imaginación jugaba al conquistador: Una pluma de avestruz con sus barbas de igual tamaño, en filigrana de oro con un diamante azul como plumilla en el cálamo, y en el raquis escrito el nombre de Maat. Una jarra de alabastro con las vísceras y los órganos de un antiguo difunto, su color pálido muerto seguía intacto. Un pabellón de electro en miniatura, que al tocar hace sonar misteriosamente los acordes de una sambuca.
Dos brazaletes dorados con incrustaciones de turquesa que forman una espiral con cabeza y cola de cobra.
Una cadena doble de oro rosado, con cierre decorado en esmeraldas y ocho sellos giratorios que la ciñen.
Un escarabeo que lleva en su laspislázuli un pedacito de cielo.
Siete perlas negras, matizadas con el brillo tenue del inframundo, fijas en el centro de un ostracon tallado en piedra caliza de Tura.
Un gato egipcio, frontal policromado, labrado simétricamente en basalto y atento siem…