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martes, 2 de agosto de 2016

Arrebato



(Dibujo: Passofinno)

Igual, como en mis sueños, siempre pierdo el camino. No hay códigos que valgan, casi todos se me caen de los bolsillos, excepto algunos que guardo sin descifrar, por ellos me han cerrado las puertas.

En un arrebato, me excedí en palabras, dije lo que aún no debía decir y te hice huir. Quizás, fue la felicidad o la emoción que tan ligera sentí, que brotaron de mí un torrente de crepúsculos y alboradas, de faunos y hadas, de aquelarres -bailando con almirajes- alrededor de la hoguera de las brujas malvadas...

Otro arrebato, que descifraba tus códigos, perdió la clave al entrar en la cerradura de tu puerta. Quiero creer que así fue lo que pasó, que no me pusiste la tranca. Quiero pensar que fue un descuido -como a veces los cometo yo- cuando sin darme cuenta, pongo el seguro sabiendo que muy pronto vendrás.

De arrebato en arrebato me vuelvo sincero, y creo que es el miedo el que nos hace cerrar las puertas, devolver los pasos, tapar los oídos, trancar, asegurar, encriptar los códigos.

Cometo errores para no dejar que venzan mi soledad, me gustan mis llantos silenciosos, aquellas lágrimas ocultas que nunca brotan de mi seco lagrimal. Soy un ser oscuro que solo ríe a las sombras de Garrick. Tú, en cambio, eres mi igual; mi dualidad personal, aquel eterófono que me enseñaste a sonar sin tocar con las manos de tu imaginación.

Sé que te necesito pero te huyo, vuelo rapaz por tus cielos. Tú, tendrás que hacer un nuevo curso de cetrería, porque cuando me enseñes muy bien tu arte para cazar, no querré sacarte los ojos.

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