Ir al contenido principal

Entre vacíos

 (Foto: Passofinno)

Todo se torna vacío. No hay preguntas. Cualquier palabra que escucho es como si no tuviera sonido. Nada me llama la atención, hasta los poetas con sus versos me parecen gallinas culecas, son como un cacareo molesto, como si sus pasados pesaran tanto o más que esté presente donde la pedantería es grotesca y vanidosa, trifásica por lo latosa. Ya no hay escritores que valga la pena leer y  están haciendo quedar  en rídiculo a los antiguos, como si no les hubieran aprendido o entendido nada; casi todos los copian como autómatas, no son originales y se ufanan de sus lineas recicladas que solo son lastres sintácticos sin fuerza, rémoras incrustadas sin duendes, sin demiurgos, sin caballeros andantes con la locura como corona de la cordura. 
Lo dulce tiene un sabor amargo, que empalaga, que fastidia. Ya nada de lo que leo o escucho me eriza la piel, ni me hace pensar, ni me anima a intentar cometer poesía. Creo que estoy muerto y mis átomos no se han desprendido porque no saben a dónde ir. He vivido tan horrible, tan aburrido que no sé como desparramarme. Debería meterme un taco de dinamita por el culo para estallar como un Big-bang, y  así poder crear mi nuevo universo de pura mierda...

Comentarios

  1. hola Passofino, hablando de poetas aquí uno que ha pretendido emularlos. Escríbeme para que te envíe mi poemario en formato digital, sí?
    andreskaye@yahoo.es
    un saludo grande poeta!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola mi muy admirado poeta y amigo. Es un gusto leer tus saludos, tù sabes de mi aprecio por ti y por los de La Era Dorada de Linkara.com y Mysofa.es. Pronto te escribirè, Recibe mis saludos y un gran abrazo!!

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Haz que suene la campana, quiero verme en tus ojos...

(Dibujo: Passofinno)
Era tanto el deseo de verte que no esperé a que hicieran sonar la campana. Yo mismo me escabullí sin que el profesor, ni alguno de los alumnos del salón de clases se percataran de mi salida. Corrí ansioso al lugar del toque, y sin pensarlo dos veces jale el cordón con tanta fuerza que se desprendió el badajo de la campana, cayendo tan estrepitosamente desde el segundo piso que por poco no le reventó en la cabeza al rector. Igual, tan veloz como llegué, huí de ahí; por fortuna nadie se dió cuenta que fue mi amor por ti el que produjo tanto escándalo, y ese solo fue el primero de los muchos que habrían de llegar... Desde ese día nadie la volvió a tocar, el tilín - tilán que anunciaba la hora del recreo o de la salida, no volvió a sonar.  Creo que fue cosa de las directivas del colegio, el que resolvieron que sería un peligro volver a instalar el badajo y se pudiera presentar otro accidente donde no se tuviera la misma suerte y pudiese salir alguien herido o quizás -…

Directo al corazón... y no falles.

Con solo verte, mis ojos reconocieron tu imagen en mis sueños. La memoria descubrió que eres tú la que se adueñó de todos ellos. Ahora, con la realidad frente a mí, entendí que tú existes de verdad, que eres de piel perfumada, de temblor y fuego, de seguridad en la mirada, de voz de cielo. Nunca me pediste permiso para entrar, jamás tocaste las puertas, siempre cruzaste por ellas aun sin que se abrieran, y desde el primer momento que tus pasos dibujaron sus huellas en mis nubes lo hicieron con propiedad. Tú no necesitabas que yo lo permitiera, tú sabías que tenías todas mis licencias aun sin conocerte...  No me molesta que llegues cada noche y habites en mi mente, que reblujes en las celdas de mis ensueños ni en mis rincones de la fantasía. Sabes muy bien que yo soy lo que tu quieras que yo sea: esclavo y amo si lo deseas, fuerte o débil para tus caprichos, rebelde o manso según tus ideas.  Puedes, como siempre lo haces, mirarme con esos ojos tuyos donde yo habito desde hace años sin…

No, por favor

(Foto: Passofinno)
Fue un ruego en un susurro. Sus labios en mis labios, por cada beso dejaban escapar un rumor: -No, por favor- le escuchaba sin hacerle caso, mi amor era más fuerte que la razón… Le besaba tan apasionado, que a pesar de sus ruegos no se resistía. Solo pronunciaba esas palabras -No, Por favor- como una oración ante un pecado sagrado. Ella, como yo, nos amamos; pero nos dijimos adiós. Su adiós fue anunciado, decidido; el mío en contra de la voluntad. Esa noche, iba a ser la gran noche, por tanto tiempo el día esperado. Subimos al alto de la colina, no hubo obstáculos, el camino estuvo despejado, y al llegar a la cima ella tuvo frío, temblaba un poco, se abrigó para entrar en calor. El viento estaba generoso porque a pesar de su fuerza, nos acariciaba. Digamos que era una brisa fresca que invitaba a que estuviéramos abrazados mientras nos besábamos. Hubo momentos de silencio a cada intervalo cuando mirábamos la ciudad, nuestra ciudad. Yo quería adivinar su pensamiento mien…