Ir al contenido principal

Otro día más sin verte...

(Foto:Passofinno)
"Ya, ya no puedo más
Ya me es imposible soportar
Otro día más sin verte..."

Y estás allá
Donde el tirano bebe sangre
Y se adueña de tus días
Para que mis noches sean eternas.

Tu voz, ya no escucho
Solo el eco del recuerdo
Suena en mis pesadillas
Y calma la angustia.

El desespero se desborda
Por las líneas de la paciencia.
Como este grito que no escuchas
Como estos llantos sin voz...

¡Ya no puedo más!
Mi cabeza es un tambor de revólver
Las balas están en tu olvido
Los disparos en tu adiós.

Todo orden es mi caos
Los versos sin rima
La cordura en mi locura
Las palabras sin significado.

Otro día más sin verte.

Comentarios

  1. Bravo! Un poema muy serio y adusto. Me gustó, Passofino.
    En cuanto al tema del email, el mío es
    andreskaye@yahoo.es
    Un saludo grande.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas más populares de este blog

Directo al corazón... y no falles.

Con solo verte, mis ojos reconocieron tu imagen en mis sueños. La memoria descubrió que eres tú la que se adueñó de todos ellos. Ahora, con la realidad frente a mí, entendí que tú existes de verdad, que eres de piel perfumada, de temblor y fuego, de seguridad en la mirada, de voz de cielo. Nunca me pediste permiso para entrar, jamás tocaste las puertas, siempre cruzaste por ellas aun sin que se abrieran, y desde el primer momento que tus pasos dibujaron sus huellas en mis nubes lo hicieron con propiedad. Tú no necesitabas que yo lo permitiera, tú sabías que tenías todas mis licencias aun sin conocerte...  No me molesta que llegues cada noche y habites en mi mente, que reblujes en las celdas de mis ensueños ni en mis rincones de la fantasía. Sabes muy bien que yo soy lo que tu quieras que yo sea: esclavo y amo si lo deseas, fuerte o débil para tus caprichos, rebelde o manso según tus ideas.  Puedes, como siempre lo haces, mirarme con esos ojos tuyos donde yo habito desde hace años sin…

No, por favor

(Foto: Passofinno)
Fue un ruego en un susurro. Sus labios en mis labios, por cada beso dejaban escapar un rumor: -No, por favor- le escuchaba sin hacerle caso, mi amor era más fuerte que la razón… Le besaba tan apasionado, que a pesar de sus ruegos no se resistía. Solo pronunciaba esas palabras -No, Por favor- como una oración ante un pecado sagrado. Ella, como yo, nos amamos; pero nos dijimos adiós. Su adiós fue anunciado, decidido; el mío en contra de la voluntad. Esa noche, iba a ser la gran noche, por tanto tiempo el día esperado. Subimos al alto de la colina, no hubo obstáculos, el camino estuvo despejado, y al llegar a la cima ella tuvo frío, temblaba un poco, se abrigó para entrar en calor. El viento estaba generoso porque a pesar de su fuerza, nos acariciaba. Digamos que era una brisa fresca que invitaba a que estuviéramos abrazados mientras nos besábamos. Hubo momentos de silencio a cada intervalo cuando mirábamos la ciudad, nuestra ciudad. Yo quería adivinar su pensamiento mien…

Ahí no están

(Medellín)
Estrellas en el cielo, Donde los fantasmas de luz 
viven eternos. Hace años partieron, Escupieron su brillo 
En la inmensidad.
¿Quiénes son? se preguntarán: ¡Son ellas, las que alumbran! ¡Son las mismas, ahí están! Sujetas al universo De cuerdas invisibles En siglos suspendidas; De no creer, pero es verdad.
En el pasado, volaron, Como si un soplo divino
 hubiese alzado sus arenas. Tú, yo; todas se ven
Jugando al infinito…
Son solo una ilusión, 
Una idea, un reflejo, Un olvido y su afán, Un apego al recuerdo; Te juro que ahí no están.